Experiencia y realidad

2 Comments

Ante un mismo suceso, existen tantas experiencias diferentes como individuos, y nuestro grado de bienestar o malestar personal depende de la calidad de esas experiencias.
En general, pensamos que las experiencias son algo que nos sucede, algo ajeno a nosotros que nos limitamos a disfrutar o a sufrir.
El objetivo de este post es ahondar en cómo la vida proporciona circunstancias, y con ese material nosotros construimos nuestras propias experiencias subjetivas. Asumir nuestra participación en la creación de nuestra realidad nos permite mejorar su calidad, incrementando así nuestro grado de bienestar, y nuestra adaptación al entorno.
La experiencia subjetiva es un constructo en el que participamos activamente, aunque en la mayoría de los casos no seamos conscientes de nuestra participación.
Lo veremos más claro con un ejemplo: una persona celosa que no ha llegado a reconocer sus celos como causa de su experiencia subjetiva, sufre mucho y experimenta como reales sus propias proyecciones. Todo intento por su parte de acabar con su sufrimiento modificando las circunstancias no mejorará su experiencia, ya que la causa desencadenante no está fuera, sino dentro de ella misma.
A medida que identificamos los procesos psicológicos que nos separan de la realidad objetiva y que nos abocan al sufrimiento, nuestra calidad de vida y nuestra adaptación al entorno se ve incrementada.
Necesitamos saber cómo son las cosas objetivamente , para responder adecuadamente a lo que realmente sucede, pero hacerlo no resulta fácil si antes no reconocemos lo que nosotros aportamos a nuestra propia experiencia.
El conocimiento de uno mismo, y la exploración de los contenidos emocionales que condicionan nuestras vivencias , resulta clave de cara a alcanzar un bienestar físico y psicológico superior .
En lo relativo a emociones, en general estamos bastante perdidos, debido a que desde pequeños nos enseñan a razonar, a memorizar, y a abstraer, pero nadie nos enseña a reconocer y a optimizar nuestras emociones para preservar nuestra salud, para conocer la realidad objetiva, y para adaptarnos positivamente a lo que realmente sucede.
En general, cuando nos hablan de emociones pensamos en sentimientos, pese al enorme impacto que tienen las emociones en en el buen o mal funcionamiento de nuestros organismos. Las emociones son el principal elemento conector cuerpo-mente, y las que nos obligan a experimentar en nuestros propios cuerpos lo que sentimos y pensamos, de ahí que resulte prioritario observar aquellas emociones que afectan negativamente a nuestras vidas, porque el simple hecho de ser conscientes de ellas minimiza su impacto.
Las emociones podrían definirse como respuestas a sucesos reales o imaginarios que se manifiestan simultáneamente como sentimientos y como procesos físicos.
La respuesta física asociada, tiene como fin preparar al organismo para afrontar un suceso concreto (real o imaginario) en condiciones óptimas, y tiene lugar a través de la liberación de
Mediadores químicos, como las hormonas y ciertos neuropéptidos que modifican el funcionamiento de nuestro organismo.
Experiencia y realidad | Dra. Carmen OchoaCuando creemos que existe una amenaza, sentimos miedo y se estimula la liberación de adrenalina y cortisol para optimizar los recursos físicos de cara a luchar o huir:
el corazón late más rápido, se modifica la distribución del riego sanguíneo que se hace mínimo en ciertos órganos, incluido el cerebro, dándole prioridad a los músculos, la visión se hace más aguda, etc.
El problema radica en que la respuesta hormonal ante las amenazas, reales o imaginarias, modifica el funcionamiento de nuestro organismo para facilitar la lucha o huida, pero si estos cambios se prolongan en el tiempo, pasan una gran factura: nuestro sistema inmunológico se ve debilitado lo que nos hace vulnerables a infecciones y a proliferaciones celulares descontroladas (tumores), nuestro sistema cardiovascular se ve crónicamente forzado, lo que nos predispone a infartos y a accidentes vasculares, nuestro cerebro y otros órganos fundamentales no reciben el aporte sanguíneo que necetan, etc.
No respondemos a lo que realmente sucede, sino a lo que creemos que sucede, por lo que nuestra salud física y psicológica depende en gran medida de la calidad de nuestras creencias.
Cuando no valoramos adecuadamente nuestro entorno, y no reconocemos una amenaza objetiva como tal, tampoco respondemos adecuadamente, y nuestra capacidad de adaptación se ve disminuida.
En los seres humanos la información juega un papel fundamental a la hora de reconocer o desestimar amenazas. Somos seres sociales dependientes de la calidad de la información que recibimos de nuestro entorno, pero cuando los intereses particulares desvirtuan la información, nuestra capacidad de adaptación disminuye.
En el reino animal el impacto físico y psicológico de las emociones puede ser muy intenso, pero es bastante limitado en el tiempo debido a que carecen de la capacidad de pensar, y en consecuencia carecen de la capacidad para rememorar amenazas pasadas, o para imaginar amenazas futuras, limitándose a responder ante la presencia del estímulo.
La facultad de pensar es un arma de dos filos, ya que cuando hacemos buen uso de ella incrementa exponencialmente nuestra capacidad de adaptación, pero también puede llegar a convertirse en una poderosa herramienta de autodestrucción proporcionando argumentos a emociones desadaptativas.Cuando el pensamiento ofrece argumentos a nuestros miedos irracionales, la respuesta hormonal ante la amenaza se mantiene en el tiempo.
En el caso de los seres humanos actuales, muchas de las amenazas que experimentamos no proceden del medio externo, sino de nuestro interior: el miedo a perder nuestro medio de vida y a enfrentar carencias, el miedo a perder a los que amamos, el miedo a no alcanzar nuestras metas personales, etc., activan el sistema hormonal de amenaza, pese a que esas situaciones no se resuelvan mediante la lucha o la huida.
La supervivencia física y psicológica del hombre actual depende en gran medida de su capacidad individual para observar y reconocer sus propios miedos, sin permitir que éstos se apoderen del pensamiento para justificarse a sí mismos.
El pensamiento humano justifica los propios miedos irracionales mediante todo tipo de argumentos que fortalecen la respuesta hormonal ante la amenza, poniendo en peligro la salud física y psicológica del individuo.
Tendemos a ponernos siempre en lo peor, a imaginar el peor futuro posible, al margen de las probabilidades reales, lo que resta mucha calidad a nuestras vidas y pone en peligro nuestra salud.
El filósofo y escritor del s. XVI Michael de Montaigne, llegó a reconocer esta realidad cuando afirmó:

“Mi vida ha estado llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca sucedieron”

El mayor problema radica en que, frecuentemente, no somos conscientes de las emociones que nos inducen a experimentar la realidad de un modo concreto, lo que agrava aún más la situación.
Hoy sabemos que el 90-95% de las emociones, sensaciones físicas, intenciones y percepciones humanas son inconscientes, y sabemos que esa información, desde el inconsciente, condiciona nuestra experiencia subjetiva, nuestro pensamiento, y en consecuencia nuestra salud física y psicológica.
Cuando aprendemos a observar nuestros propios procesos mentales comprobamos hasta que punto ciertas emociones condicionan nuestra experiencia y nuestro grado de bienestar.
Para comprender la realidad de forma objetiva, antes debemos conocernos a nosotros mismos y eliminar los sesgos emocionales que nos separan del conocimiento objetivo y que generan un sufrimiento innecesario.
En “piloto automático”, nuestro pensamiento se ve dirigido por emociones, conscientes o inconscientes, que condicionan su curso. Cada emoción se asocia espontáneamente a una intención, y el pensamiento se limita a aportar la mejor forma de ejecutar nuestras intenciones conscientes o inconscientes.
El miedo se asocia a la intención de huir o luchar, la ira a la intención de eliminar obstáculos, el deseo a la intención de lograr lo deseado. En “piloto automático”, el pensamiento racional se limita a informarnos de la mejor forma de materializar esas intenciones.
El gran salto tiene lugar cuando logramos observar nuestras emociones e intenciones, facilitando o impidiendo que se apoderen de nuestro pensamiento.
Como afirmó el psiquiatra C.G. Jung:

“Hemos olvidado ingenuamente que bajo el mundo de la razón descansa otro mundo. Ignoro lo que la humanidad deberá soportar todavía antes de que se atreva a admitirlo”.

El Mindfulness, resulta de extrema utilidad de cara a paliar las consecuencias que ha generado la histórica falta de atención y formación en lo relativo a las emociones, ya que aporta la técnica necesaria para acallar temporalmente el pensamiento y explorar el “más allá” de la razón. Mediante la observación no enjuiciadora logramos hacer conscientes contenidos emocionales que condicionan nuestra salud, nuestras intenciones, nuestra experiencia subjetiva, nuestro pensamiento y nuestra conducta.
Gracias a las herramientas que proporciona el Mindfulness aprendemos a gestionar adecuadamente esos contenidos.
Compartimos con los animales emociones e intenciones relacionadas con la supervivencia, y con la adquisición de un rango social, pero a diferencia de ellos, disponemos de la capacidad para incidir positivamente en nuestra propia evolución, observando el “subsuelo” de nuestro pensamiento y reprogramándolo, lo que se traduce en calidad de vida.
La capacidad para observar nuestras emociones, se desarrolla con la práctica, y nos permite conectar con nuestras intenciones constructivas sobre las que se establece la evolución y la realización personal.
En el proceso de conocerse a uno mismo, es frecuente encontrar emociones e intenciones que cabría calificar como “virales”, porque se apoderan de nuestro pensamiento, como los virus se apoderan de la maquinaria celular, para perpetuarse a sí mismas, y lo hacen compitiendo por el pensamiento con esas intenciones genuinas vinculadas a nuestra evolución y realización personal.
De esta forma, cuando emociones “virales” como el resentimiento, la envidia, los celos, la soberbia, etc., generan intenciones “virales”, éstas se apoderan del pensamiento y de la conducta del individuo, impidiendo que éste ejecute sus intenciones prioritarias y genuinas, lo que dificulta su evolución y realización personal.
Si prestamos atención y reconocemos en nosotros esas emociones e intenciones “virales”, podemos impedir que se apoderen de nuestro pensamiento y de nuestra conducta, dedicando nuestros recursos mentales a alcanzar la realización personal y el bienestar físico y emocional.
Blog sobre Mindfulness de Carmen OchoaSi no lo hacemos, podemos vernos muy desviados de nuestros propósitos e incluso, arrastrados al desastre, de ahí que Confucio dijera, “antes de empezar un viaje de venganza cava dos fosas”.
Mediante la introspección, también podemos limitar el impacto de nuestras emociones “virales” sobre los demás, no permitiendo que nuestro pensamiento y conducta. Se vean guiados por emociones e intenciones que se propagan de una persona a otra como los propios virus. El odio engendra odio.
Un elemento clave de cara a optimizar nuestra salud física y nuestro propio crecimiento, es la información, ya que sólo la información nos permite discriminar las amenazas reales de los miedos irracionales.
Informar sobre el impacto de las emociones sobre la salud y sobre la experiencia subjetiva es esencial , ya que sólo cuando aprendemos a conocernos a nosotros mismos, comprendemos que no somos un sujeto pasivo en lo relativo a nuestra salud y a nuestra realidad, sino elementos muy activos y esenciales.
Comprender que somos simultáneamente los creadores y experimentadores de nuestras propias experiencias nos aleja de una comprensión mecanicista de nosotros mismos y de la propia vida.
Nosotros, a diferencia de las máquinas, somos capaces de reprogramarnos a nosotros mismos y de evolucionar hacia un estado culminante de conciencia. Somos simultáneamente el programa y el programador.
El gran problema radica en que la información desvirtuada acerca de lo que realmente somos (un simple programa), y acerca del papel de las emociones en la creación de la realidad, nos incapacita para hacer buen uso de nuestras funciones superiores de cara a actualizar todo nuestro potencial de conciencia.
La desinformación acerca de lo que realmente somos completa el circulo, ya que nos desposee de la capacidad de reprogramarnos, y en consecuencia nos convierte en lo que hemos llegado a creer que somos.
Recuperar el poder significa hacer uso de nuestras funciones superiores, discriminado las emociones que merecen, o no merecen, adueñarse de nuestro pensamiento y de nuestra conducta.
Cuando lo hacemos, comprendemos que nuestro origen y destino es una conciencia perfecta.


Suscríbete para recibir lo último de mi blog

Suscribiéndose acepta expresamente la Política de Privacidad y recepción de comunicaciones electrónicas

2 Comments

Leave a Comment

  1. Belen
    Reply

    Me ha encantado este artículo Carmen, cuanto tenemos que trabajar en este sentido. Leer esto hoy me ha hecho ponerme las pilas otra vez. Gracias

  2. Jaime
    Reply

    Muchas gracias Carmen!!.»Conócete a tí mismo».

Leave a Reply

Your email address will not be published.